Martín Caparrós: “Hay que escribir contra el público”

  • Pedro Simón

06/06/2016 03:26

Cuando aquel joven logró entrevistar a Juan Rulfo, el periodista le pidió al inmortal mexicano que se definiera en tres adjetivos.

-Pobre diablo… -le contestó Rulfo por toda respuesta.

-No, ése es sólo un adjetivo. Yo le pedí tres…

Aquel joven era Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) y aquel episodio está contado en su libro Lacrónica -todo junto-, un recopilatorio de los mejores reportajes del reportero/escritor/viajero/cronista/anarquista. «Fui un maleducado con Rulfo, me tendría que haber dado dos bofetadas».

Va de negro como siempre, acaba de publicar Echeverría (Editorial Anagrama) y hace unas semanas pasó por el Taller de Narrativa del Máster de Periodismo de Investigación de Datos de Unidad Editorial. Aquí hablamos de periodismo, de redes sociales, del papel y, por supuesto, le pedimos que se defina en tres adjetivos.Hoy en día, se podría decir que prácticamente son los lectores los que están configurando los contenidos de los medios, de periódicos, de las webs. ¿Crees que hay que escribir contra ellos?Hay que escribir contra el público entendido como una abstracción general, mensurable en número de clics. Al periodismo escrito le ha pasado algo terrible. Y es que ha entrado en la lógica del rating [medición diaria de la audiencia]. Hace poco teníamos el privilegio de no pertenecer a esa trampa cuantitativa. Mientras que la televisión o la radio estaban pegadas todo el tiempo a los números, nosotros -los del periodismo escrito- vivíamos felices suponiendo que nos leían o no… Ahora, en las webs, te están midiendo todo el tiempo y les da la tentación de publicar lo que tenga más clics. Eso puede ser muy válido para disfrazarse de voyeur, pero a mí no me parece del todo periodismo… Si tú miras las listas de las noticias más leídas en cualquier medio español o latinoamericano te da vergüenza… Vale la pena trabajar contra esa supuesta demanda del público. Periodismo es contar algo que hay gente que no quiere que se sepa. Pero también es contar algo que muchos no quieren saber.Los medios escritos juegan a ser lo que no son. Creo que eso explica parte del problema.Durante un tiempo, los editores timoratos inventaron un monstruo inverosímil que es el lector que no lee. Entonces transformaron muchos periódicos en aparatos para captar a los que no quieren leer. Cuando lo que debería de hacer un periódico es profundizar en su diferencia, que es ofrecerte un buen análisis o un buen relato. Eso es lo que un medio escrito puede hacer mejor que una radio o una televisión. El problema es que ahora tienen ese elemento de medida o de tortura que es ese aparato con el cuantifican los clics. Pero los periódicos siempre han sido para las minorías. En su mejor momento en España ninguno llegó a tirar 400.000 ejemplares. No es ni el 1% de la población. No estás trabajando para millones de personas, sino para un grupo lamentablemente restringido. Pero al que se supone que quieres darle lo mejor que tengas. No pan y circo.¿De qué modo las redes sociales están transformando el periodismo?De muchas maneras. Lo más inmediato ya queda fuera de nuestra jurisdicción. Uno se entera de lo que pasa casi en simultáneo a través de las redes. Con lo que un periódico que al día siguiente te contara eso sería un periódico sin ningún sentido… Cuando yo era chico se hablaba de los segundos diarios. Tú te comprabas el diario principal y luego estaba el segundo, que tenía una mirada más reflexiva. Ahora todos los diarios son segundos diarios. Porque la información ya salió en todas partes.Has hablado de la caverna de Platón. De que el lector tiene delante sombras de cosas. Reflejos de reflejos. ¿Esa es la forma de leer por redes?Las redes han cambiado la forma de leer. Con el periódico de papel clásico tú eras tributario de la idea de un editor. Tú leías la idea del mundo de un editor: él decidía qué era importante como para ir en primera página, en la sección de Internacional, etcétera. Ahora leo una historia sobre Siria en The Guardian y luego a lo mejor ya no leo más en ese medio. Porque me voy a ver lo que dice The New York Times sobre Canadá. Yo me hago una lectura transversal, que ofrece más puntos de vista y se me hace menos esclava.Has dicho que un exceso de datos tiende a anestesiar la realidad. ¿Cómo está de hueca la objetividad?Los editores dejaron de decir la palabra objetividad porque les daba vergüencita… No existe la objetividad de un relato. En última instancia una noticia es un relato que un sujeto hace.¿Hay que ser rigurosamente subjetivos?Hay que ser subjetivos y decentes. Como no hay más cojones que ser subjetivos, hagámoslo de forma decente.¿Hay espacio para las historias largas?Una vez me llamó un periodista de El Mercurio de Chile para preguntarme sobre las historias largas y la crónica latinoamericana. Me preguntaba y me preguntaba. Le dije: «¿Pero cuánto vas a escribir?». Y él me dijo: «Bueno, son 2.000 palabras». Y le dije: «¿Ves? Ésa es la situación de la crónica latinoamericana. Es más probable que tú puedas escribir 2.000 palabras sobre la crónica que una crónica de 2.000 palabras».¿El poder financiero ha terminado de embridar a los medios o esto siempre fue así?Esto ha ido a más. Hace 15 años Kapuscinski decía que lo peor que le había pasado a los medios era que sus dueños ya no eran periodistas o relacionados con el periodismo. Sino bancos y otras empresas. Muchas veces esos bancos tenían una influencia muy grande sobre esos periódicos, pero ocurría que no les alcanzaba, porque ahora han decidido tomar las riendas directamente… Los grandes medios nunca fueron de las clases populares ni de los trabajadores, siempre fueron de los más ricos. Yo te he leído cosas sobre Kapuscinski…¿El qué? ¿Que era un viejo verde mentiroso? Eso no es hablar mal. Yo le he visto meter mano… Lo tengo filmado. Era meritorio. A sus setenta y pico años andar metiéndole mano a las chicas… Pero era un gran narrador y muy buen periodista.Un buen periodista debe escuchar más que hablar y leer más que escribir. Estamos a lo contrario.A los alumnos lo primero que les pregunto es qué están leyendo. Y se turban. Con la cara congestionada. Cómo puede uno querer tocar la guitarra sin haber escuchado música. Hay que leer, pero no sólo para escribir, sino para poder organizar un discurso.Sherry Turkle, ciberdiva del Instituto Tecnológico de Massachusetts, alerta de que las nuevas tecnologías están acabando con los viejos valores: la empatía y la introspección…Cuando escucho viejos valores saco mi revólver…Eso me pasa a mí cuando oigo la palabra progresista…Está bueno eso [risas]. En una entrevista en La Nación me dijeron: «Qué raro, siendo progresista, tú deberías ser kirchnerista…». Y contesté: «No soy progresista, soy de izquierdas. Y como soy de izquierdas no soy kirchnerista»… Al hilo de lo que decía Turkle, sí me impresiona la hiperconexión. Extraño esos ratos en que te quedas en blanco. Es difícil quedarse a solas consigo mismo.Michael Ignatieff decía: «En este nuevo universo en el que todo el mundo tiene la tecnología para ser periodista, la pregunta es: ¿quién tiene la autoridad ahora? ¿En quién debemos confiar?». Contesta tú…El equívoco es pensar que lo que hace al periodista es la tecnología. La tecnología es una herramienta. A mí, si me das un violín o un martillo no voy a hacer una sonata ni voy a hacer una mesa. Lo que importa es si eres capaz de mirar y de contar. Eso es lo que tiene que hacer un periodista. No hay por qué pensar que las únicas innovaciones son las novedades técnicas. Se puede innovar con una hoja de papel y un boli, si se tiene el talento y la decisión de hacerlo. No caigamos en la trampa de pensar que innovar es utilizar el último gadget.El de la prensa es un descrédito que, de alguna manera, va de la mano del declinar político.Creo que habría que promulgar una ley del 28 de diciembre. Ese día los lectores leen precavidos tratando de encontrar la noticia falsa del Día de los Inocentes. Pues bien, habría que leer con esa cautela todos los días. Para que no nos la cuelen.Los medios de hoy en día están muy preocupados por la comunicación y menos por la información.Muchos están tomando esta deriva porque están desesperados… La palabra viral antes era negativa: un virus del que enfermabas. Ahora es todo lo contrario: es algo deseable. Están buscando contenidos que sean viralizables constantemente. Es la ética del resultado, del efecto. Eso es lo más peligroso: que los periodistas terminemos trabajando sólo para el efecto.¿El papel ha muerto?Bueno, se está convirtiendo en un gran soporte de la melancolía.Defínase en tres adjetivos.Imprudente. Impudente. Impo… sible.

Fuente: https://www.elmundo.es/

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