La unidad nacional, ¿es posible y para qué?

Ante la intempestiva acción del presidente Alberto Fernández de sacarle coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires, nos preguntamos si existe la posibilidad de concretar la tan mentada “unidad nacional”.

En efecto, la postura respetuosa y de cooperación, exhibida por el jefe de Gobierno aun a costa de no ser bien interpretado por los propios, se estrelló contra una actitud temeraria e irresponsable. Es muy difícil entablar acuerdos y coordinar acciones en un contexto de desconfianza y de mala fe.

Es necesario encontrar la forma de debatir seriamente lo que hay que hacer, entre todos, pero sobre todo entre quienes obtuvieron el apoyo mayoritario de los argentinos (48% el FDT y 41% JXC) el año pasado.

Es una representación de gran parte de la sociedad, que implica mucha responsabilidad. Este debate, más allá del de la coparticipación federal, debe interpelarnos acerca de qué estamos haciendo para revertir el proceso histórico de migración interna hacia el AMBA, ¿qué políticas públicas hemos diseñado en las últimas décadas para que los argentinos encuentren trabajo en sus provincias?, ¿qué hicimos para restringir el ingreso indiscriminado de ciudadanos extranjeros?, ¿por qué insistimos en un diseño de transporte radial?.

El emergente de las desigualdades es el conurbano bonaerense, es el lugar donde se visibilizan los problemas.

Pero la verdadera fragua de la inequidad está en las provincias, en el interior profundo de la Argentina. Es allí donde se empieza a gestar el problema. El debate y posterior diseño de políticas públicas que tiendan a revertir este proceso histórico, debería ser el inicio de la tan vapuleada unidad nacional.

Sacarle a un distrito para darle a otro, “mejicanearle” una obra a un gobernador opositor, privilegiar a los intendentes propios por sobre el resto, etcétera, solo constituyen actos de picardía disfrazados de políticas públicas. Ese, claramente no es el camino.

Si aceptamos el enorme desbalance demográfico que tiene nuestro país, donde solo en el AMBA viven más de 15 millones de personas y este dato no nos mueve a la reflexión, estamos condenados.

Las oportunidades de encontrar trabajos dignos y desarrollarse como individuos en las provincias extra zona pampeana, son cada vez más difíciles. En vastas regiones del país, el empleo público suele ser la oferta laboral más atractiva, cuando no la excluyente, consolidando los esquemas feudales en las provinciales. Esto determina inexorablemente los procesos de migración hacia la zona metropolitana.

Todo el AMBA constituye un gran mercado en sí mismo, en él que no importa lo que hagas o lo que vendas, al final del día habrás recaudado más que trabajando en tu propia provincia. Así de simple.

El desafío de la dirigencia política, la de la unidad nacional, es desatar el nudo de ese sistema perverso que se retroalimenta permanentemente.

Definir proyectos de inversión que desenvuelvan riquezas naturales, aprovechar ventajas comparativas, generar condiciones jurídicas para atraer inversores, establecer reglas de juego claras y duraderas, armonizar las explotaciones económicas con el cuidado del medio ambiente en un marco de razonabilidad, diseñar y promover la infraestructura necesaria para integrar al país, delimitar con claridad qué responsabilidad asumirá cada uno de los niveles de la administración (municipios, provincias y nación) en todo este proceso, fijar un relacionamiento inteligente con el resto del mundo, identificar y remover los obstáculos que nos anclan al subdesarrollo, estos son los principales desafíos que deberíamos afrontar.

Es necesario generar un clima de diálogo y debate entre la dirigencia política, social, sindical, empresarial, etcétera, para lograr acuerdos duraderos, despojados de intereses sectoriales y/o electorales inmediatos, mirando un poco más adelante, en la inteligencia de que un solo sector no puede sostener en el tiempo los cambios estructurales que necesita nuestro país.

Es un hecho que de todas formas va a ocurrir ante el agotamiento del actual esquema. Es mejor conducir ese proceso, antes que fluya de manera anárquica.

Para la concreción de lo que resulte de este debate, para llevar adelante políticas públicas que plasmen en realidades un país distinto, es necesaria la unidad nacional. Lo demás?, lo demás son eslogans.

Por Alfredo Schiavoni (*)

(*) – Diputado nacional de Juntos por el Cambio (PRO).

Fuente: Telam

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