¿Educar en tiempos de pandemia?

Desde aquel 16 de marzo de 2020 donde se disponía la suspensión de la concurrencia física a las aulas, y haciendo una mirada en retrospectiva, casi sin darnos cuenta estamos transitando fines de agosto sosteniendo una educación desde la virtualidad,  bajo los buenos enunciados de dar continuidad pedagógica a una población escolar, de niños, jóvenes y adultos, que viven día a día y cada vez más, inimaginables situaciones y condiciones de vida hacia el interior de las familias; con nuevos agravantes y secuelas que está anteponiendo el encierro por la pandemia.

El andamiaje para que funcione la educación en plena pandemia parecía pasajera pero a medida que cursan los meses, lo pasajero se torna cotidiano, habitual con la esperanza siempre de volver aunque con la incertidumbre de no tener noción del momento en qué ocurrirá y de serlo, cómo será y en qué condiciones…

Un virus invisible se ha llevado puesto cuantos sistemas humanos funcionan sobre esta tierra, derribando todas las seguridades humanas construidas y dejando en evidencia la precariedad sobre la cuál todas ellas están cimentadas. Y el Sistema Educativo no es ajeno a ello.

Un artículo periodístico nacional fechado el 01/05/20; refiriéndose a la medida nacional de dar continuidad virtual a la Educación decía: “…nos comprometimos a que nadie se quede atrás. Por eso creamos el Programa Seguimos Educando, con el objetivo de contribuir al trabajo educativo en una inédita situación de aislamiento social”.

¿En qué condiciones y cuánto tiempo es posible sostener esta educación en esta coyuntura inédita? ¿Es posible mantener rodando la Educación en un país y hacer como si el virus no existiera? ¿Qué garantías de aprendizaje puede proponer un programa simplemente con enunciarlo? ¿Qué se pretende evaluar en este contexto donde el docente no observa directamente y no tiene evidencias del real proceso realizado por sus alumnos? ¿Será que los académicos no se percataron que las clases no se desarrollan en la Institución Escuela, sino que se realizan en la Institución Familia?

Además de mi experiencia en el nivel primario, secundario y universitario; he recabado información de docentes que se desempeñan en distintos niveles; voces de padres y alumnos dando cuenta de un sinnúmero de variables que alteran la efectiva intención de educar en tiempos de pandemia.

Contextos familiares

En las familias existe la realidad de que no todas tienen conectividad a internet y en caso de tenerla es inestable. Hay situaciones donde los chicos cuentan solo con un celular para estar integrado al grupo de compañeros, pero no tiene internet; deben imprimir los archivos (cuando pueden) y realizarlos luego a mano en su cuaderno/carpeta. Hay familias que tienen un solo celular para recibir trabajos de cuatro o más hijos. Otros no tienen computadora y quienes cuentan con una, ésta se convierte en la única herramienta de uso familiar; por lo tanto se organizan en turnos para el uso de una PC. Imaginen padres docentes, con tres hijos adolescentes donde todos deben responder a sus responsabilidades… y sigo reflexionando en el “que nadie se quede atrás” citado anteriormente…

Pensemos en niños de primer grado. Una mamá me dice: “yo le enseño a leer como yo aprendí” no puedo dedicarme a esto…”no soy maestra”…  Y tiene rezón: no es docente, no tiene por qué hacerlo… pero ¿cómo enseñar a leer y escribir mediante el sólo uso de un celular donde muchos consumen el crédito completo cada vez que ejecutan un video para resolver una clase? Muchos tutores han recurrido al pago de clases particulares para ayudar a sus hijos.

Y mientras se cuida de evitar los contagios por el virus, se desencadenan otras pandemias devenidos en daños colaterales. Muchos padres han visto reducir sus salarios y eso ha ocasionado tener que mudarse por no poder pagar los gastos mensuales; otros directamente han perdido su fuente laboral o no pueden desarrollar su única fuente de ingresos. Las nuevas enfermedades, sobre todo psicológicas que comienzan a acentuarse en las familias producto del encierro, se empiezan a profundizar en esta segunda parte del año.

Los chicos comienzan a evidenciar alteraciones de conducta; no tienen ganas de hacer tanta cantidad de actividades, que por cierto supera lo dado en la presencialidad; manifiestan estar cansados, desmotivados, aburridos, tristes…

Docentes

Y en el ámbito docente, son ellos los que están sosteniendo el sistema educativo virtual desde su casa, poniendo todas sus herramientas tecnológicas al servicio de un Estado que está ausente para cuidarlos pero que exige y persiste en desplegar cuantas normativas y disposiciones hay, para decir que la educación se sostiene en cuarentena.

La vida docente se entremezcla con la vida familiar, no hay horarios ni privacidad; se han expandido los horarios escolares y se han dilatado los tiempos de resolución porque no es lo mismo la presencialidad donde un sinnúmero de aspectos se abordan, encauzan y solucionan al instante, en el espacio físico de la institución educativa, a tener que escribir un mensaje o enviar un audio y esperar a que otro lo conteste en el tiempo que pueda o desee, dentro de la familia donde los hijos están a la vuelta esperando ser atendidos.

El docente que trabaja en varias instituciones se encuentra con las casillas de correos abarrotados de trabajos para corregir en un tiempo que llevará horas frente a una máquina, porque falta el encuentro y la explicación cara a cara con sus alumnos. El tiempo se ha dilatado y todo se resuelve más lento pese a la inmediatez de la tecnología. Una docente por pasar, diariamente, más de diez horas en su computadora, comenzó a tener mareos, a endurecerse sus brazos, y manos…pero ningún funcionario sabe lo que viven los docentes.

Organismos gubernamentales de educación y gremios

Las autoridades educativas ministeriales no han medido tales circunstancias, y en muchos casos mantienen las mismas modalidades como si estuviésemos en la presencialidad y como si el virus no existiera. Continúan enviando extensos y densos documentos de aplicación inmediata, careciendo de practicidad y optimización del tiempo real de lectura.

Las autoridades, a fin de sostener el funcionamiento de la educación, persisten en prácticas y exigencias que podrían esperar los tiempos normales de lo presencial; desviando el foco de lo práctico, concreto y efectivo; sin considerar las contingencias excepcionales que viven los actores educativos dentro de sus familias.

No se han referido los estados en sus distintos niveles nacional y provincial respecto de subvencionar las tarifas de internet y solventar gastos por el servicio que prestan los docentes poniendo sus herramientas personales al servicio de un Estado que exige, pero no acompaña a los docentes.

Un tema que merece especial mención son los “cuadernillos de actividades” enviados por el Ministerio de Educación de la Nación a los chicos que no tienen ningún tipo de conectividad. Al parecer quiénes lo confeccionaron fue gente ajena a la vida del aula, por algunas características como:

*contenido uniforme: para todos iguales sin distinción del lugar donde vivan

*descontextualizado de la realidad de los alumnos

*carente de ser didáctico y atractivo

*presenta letra imprenta minúscula: en el primer ciclo donde el niño se acerca a la lectoescritura y muchos, aún no han logrado leer, sólo conocen la letra imprenta mayúscula.

*los textos son largos y escasos de imágenes que inviten a la lectura, resolución y sintetización conceptual.

*las temáticas presentadas son elevadas: los padres de estos niños tuvieron dificultad de comprensión para poder guiar a sus hijos en la resolución.

Tengamos en cuenta que estas familias viven en contexto de pobreza y su nivel de escolarización es bajo.

Y otro detalle. Si escribes muy fuerte en este papel (como lo hacen los pequeños) perforas la hoja porque la calidad del papel es de solo lectura. El dinero inadecuadamente invertido en estos cuadernillos debió fortalecer las partidas asignadas a las escuelas para pagar resmas e insumos a impresoras, a fin de preparar material en papel acorde a las necesidades y niveles de los alumnos. Por el contrario, las partidas de dinero fueron suspendidas, tal vez presumiendo, equivocadamente, que las escuelas están cerradas y no hay gastos administrativos.

En esta coyuntura pandémica no se han escuchado voces gremiales refiriéndose al cuidado de la salud integral de los docentes, alumnos y familias; se hace silencio ante las condiciones inadecuadas para mantener funcionando la educación en el seno familiar que altera su privacidad; los momentos de intimidad en la convivencia entre padres e hijos porque pareciera que la escuela se desarrolla las 24 hs del día. Esto impide cuidar los momentos para recuperar energías, resguardar la armonía vincular y la armonía en el cuerpo para estar sanos.

Alumnos

La realidad de los estudiantes es tan variada como variados son los contextos socio-culturales de sus familias.

  • Hay alumnos que, por no contar con computadoras ni celulares, han quedado fuera de las clases virtuales, desvinculados totalmente de su grupo áulico y docentes; aún pese a facilitarles el material por escrito; su comunicación ha sido precaria.
  • Se observan actividades incompletas en aquellos que no pueden imprimir los archivos digitales y deben transcribir a mano en su cuaderno/carpeta y luego resolverlos.
  • Manifiestan que la cantidad de actividades es superior a lo dado en la presencialidad con el agravante que las explicaciones de los nuevos temas enviados por sus docentes, no los pueden abrir porque su conectividad y capacidad de almacenamiento en los dispositivos es limitado.
  • En el nivel medio no siempre se cuenta con explicaciones de los docentes, muchos buscan tutoriales o deben pagar un docente particular que explique, llevando en muchos casos a dejar sus trabajos sin presentar.
  • También están los que se copian y presentan trabajos idénticos, porque no llegaban con los tiempos o porque no sabían resolverlos y debían cumplir con la fecha de presentación.
  • Muchos comparten el único celular con internet de su tutor, entre varios hermanos y es impensado poder asistir a clases de zoom, meet o classroom cuando se superponen horarios entre hermanos.
  • Hay chicos que manifiestan alteraciones de salud y de conducta por el uso intensivo de la tecnologia.

En este segundo tramo del año los jóvenes manifiestan estar “cansados”, “sin ganas”, “desmotivados”. “extrañando sus compañeros”, “deprimidos”. El impacto psicológico, más las situaciones de vida familiares, pone a los estudiantes en situación de indefensión; de sentir que no aprenden, así decía un alumno del último año de secundario: “profe, para qué voy a presentar si no estoy aprendiendo nada”.

Y no he mencionado que muchos niños y adolescentes pasan solos, sin el acompañamiento y sostén de un adulto, que anime su trayectoria.

En el nivel superior hay alumnos que se han visto obligados a abandonar sus estudios por no contar con herramientas tecnológicas adecuadas.

Instituciones educativas

Las instituciones educativas se han visto superadas por las demandas, normativas, reglamentaciones provinciales para sostener la educación en la emergencia; por ejemplo, las designaciones precarias para cubrir vacantes en tiempos de cuarentena; pese a la opinión contraria de algunas autoridades educativas.

Los tiempos impuestos por los dispositivos tecnológicos en la virtualidad lentifica el tiempo de encuentro, realización, y resolución de toda tarea educativa que los organismos superiores exigen con escasa consideración del momento singular que antepone la pandemia en impensadas limitantes. Los órganos estatales establecen pedidos en fechas determinadas, sin contemplar que la virtualidad impide cumplimentarlos.

Las instituciones han tenido que rearmar su institución en función de una organización y gestión interna para la virtualidad, que no está en el terreno de la escuela, sino que habita las familias. Muchas han logrado instalar un dispositivo efectivo, otras siguen haciendo ajustes erráticos en función de las herramientas reales con las cuales cuentan y para responder a los requerimientos superiores.

Para concluir y considerando las situaciones expresadas, muchos interrogantes planteados al inicio de esta nota, se responden solos y dejo los análisis-conclusiones al buen criterio del lector.

Las buenas intenciones y propósitos planteados por los gobernantes no alcanzan para garantizar una enseñanza, un aprendizaje real y auténtico en el desequilibrio desatado por esta pandemia. El virus se ha encargado de evidenciar la verdadera realidad social-económica-cultural que atraviesan las familias argentinas desde hace muchas décadas.

Mientras otros países se superan a sí mismos, saliendo fortalecidos después de concretar acuerdos comunes, sostenidos comunitariamente después de una catástrofe; en nuestro país seguimos ocupados en vanalidades ideológicas que, a lo único que nos ha conducido es a mostrar la decadencia en la cual estamos permanentemente instalados y lo evidencian las situaciones relatadas.

El tsunami pandémico ahora se ha extendido no sólo al contagio del virus, sino al virus económico, psicológico de toda una población, que vive con incertidumbre y miedo, su futuro inmediato.

La Educación ha quedado aún más expuesta con un sistema educativo agotado y caduco para el tiempo que vivimos en condiciones de precariedad social.

Cuando se enuncia cuidar la “continuidad pedagógica”, “el sostenimiento de las trayectorias”, “la evaluación formativa” en las condiciones expresadas anteriormente; lleva a analizar: ¿Cuáles serían las evidencias reales y efectivas que permitirían a los docentes y académicos afirmar que se lograron sostener tales objetivos? ¿Cuáles son las evidencias concretas para afirmar que se educa en tiempos de pandemia?

Dejo al lector una inquietud para un próximo artículo: ¿Cómo será la educación post-pandemia? Todos los actores intervinientes, especialmente los que manejan las políticas educativas, ¿habrán hecho también un real aprendizaje?

Mariela Zappa

Posts relacionados

Deje un Comentario